adicciones |
por Susana Fernández Coello, Psicóloga
El concepto
de adicción siempre ha ido unido al de sustancia, sin embargo cada vez se acepta más la
idea de adicción sin sustancia (juego patológico, adicción a las compras, etc.). Casi cualquier conducta placentera es susceptible
de convertirse en adicción, pero no se trata de satanizar algunos placeres, sino de ser
cautos a la hora de realizarlas en exceso, o incluso de liberarse de algunas conductas y
costumbres de las que algunas personas se esclavizan más fácilmente.. De esta manera, siempre ha habido adicciones sin
sustancia, pero es actualmente cuando está más en boca de los profesionales debido a que
cada vez son más los sujetos que demandan atención especializada debido a los problemas
consecuentes que se derivan de estos abusos.
Pero cómo
delimitar la línea que separa una conducta hecha por mero placer de realizarla y una
conducta que se realiza por adicción. La
adicción-no adicción no es una dicotomía separados en polos opuestos, sino más bien un
continuo. Digamos que una afición se
convierte en adicción cuando pasa a ser dañino,
persiste su uso irracional a pesar de los inconvenientes que acarrea o se sufre si no se
puede tener (abstinencia), se pierde la capacidad de controlar la conducta a voluntad, se
convierte en un deseo constante y en casi una obsesión y se pierde el interés por otro
tipo de actividades.
Estas
adicciones también se han llamado por los distintos autores conductas adictivas,
adicciones comportamentales, adicciones psicológicas, adicciones sin drogas y nuevas adicciones.
Tal y como
expone Echeburúa, no se trata de atribuir rasgos patológicos a conductas habituales o
saludables, ni de psicopatologizar la vida cotidiana, sino de señalar cómo algunas
conductas normales pueden llevarse a cabo de manera no saludable, según la intensidad con
que se haga, la frecuencia, la cantidad de tiempo y
de dinero invertido, y sobre todo, en función del grado de interferencia en las
relaciones familiares, sociales, laborales de las personas.
Es propio y
exclusivo de la naturaleza humana ser dependiente. Las dependencias pueden ser de 3 tipos:
De las cosas
(objetos, o drogas químicas...)
De otros
seres (humanos o animales), son las llamadas dependencias emocionales
De sí mismos
(de las costumbres, los hábitos, las manías)
Entre
las grandes diferencias habidas entre las adicciones tóxicas y las no tóxicas están: el síndrome de abstinencia es más persistente y
más difuso en las adicciones conductuales, en las adicciones conductuales la motivación
para el tratamiento es mayor, la poliadicción es
más habitual en las tóxicas.
Jesús
de la Gándara Martín (2000) habla de varios tipos diferenciados de adicciones:
Relacionadas
con la ingesta:
Ingesta
nutritiva. Lo que diferencia la sobreingesta
compulsiva del mero comer mucho es la voracidad (no se saborean los alimentos), la
existencia de alimentos prohibidos que habitualmente no se ingieren y que se
comen de manera voraz durante los atracones, la existencia de pensamientos reiterativos
sobre la comida durante las horas en que no se está comiendo y la sensación de pérdida
de control. Lo que diferencia la adicción a
la comida de la bulimia es: en la bulimia hay
conductas purgativas, distorsión de la imagen corporal y preocupación morbosa por el
peso, sin embargo en la adicción a la comida no hay estos elementos, a lo más una
insatisfacción con el peso corporal.
Hidratos de
carbono: personas enganchadas a los dulces
Chocolate
Lácteos: por ejemplo la persona que no puede dormir sin
tomar un vaso de leche
Frutos
secos: comer piapas compulsivamente y no poder parar.
Chicle
Sustancias
no alimentarias como arena (geofagia), heces
(coprofagia), orina (urofagia), hielo.
La compra compulsiva está estrechamente asociado al trastorno por atracón (Faber, 1995).
Entre el 60 y el 80 % de los adictos a las compras son mujeres (según el
autor). La edad de inicio se sitúa alrededor
de los 18 años. Mientras que la edad promedio en la que se solicita tratamiento está
entre los 30 y los 40 años. La
adicción disminuye a medida que aumenta la clase social.
La media de episodios semanales es de 3.
El índice de prevalencia de esta adicción se sitúa, según los distintos
países y estudios, entre un 2 y un 8 % de la población.
Los
distintos estudios realizados han puesto de manifiesto la existencia de un perfil e
personalidad caracterizado pro elevada ansiedad, episodios recurrentes de depresión,
impulsividad, baja autoestima y acusado materialismo ( Rodríguez Villarino, 2001).
Trabajo: Lo que distingue a un adicto no es tanto el
número de horas dedicadas al trabajo, sino la actitud con que se implica en las tareas
profesionales, suele ir asociado a una pauta comportamental de autoritarismo incluso en el
ámbito familiar, suele haber ideas sobrevaloradas acerca del dinero, el poder y el éxito
profesional, soledad y aislamiento afectivo, suele también asociarse al abuso de alcohol
y estimulantes y a las comidas copiosas. El
perfil del adicto al trabajo es coincidente con lo
que llamamos patrón de conducta A: Interés
excesivo por conseguir objetivos, deseo de competir, necesidad de reconocimiento social,
propensión a acelerar la ejecución de
cualquier tarea, , estado constante de alerta física y mental.
Internet: Las características que diferencian el uso normal
del patológico son. Privación de sueño,
descuidar o abandonar otras actividades importantes, recibir quejas por el uso de la red
(por parte de un familiar o del jefe), pensar en la red cuando no se está conectado,
comprobar el correo electrónico varias veces seguidas, tratar de limitar su uso sin
éxito.
Otras posibles
adicciones comportamentales son: Coleccionar,
televisión, zapping, videojuegos, radio, teléfono, móvil, llamadas 906, lectura o
libros, actividades artísticas, dinero, éxito, bolsa, Deportes de riesgo, culturismo
(vigorexia), recorrer calles en busca de emoción, cleptomanía,, piromanía,
tricotilomanía, onicofagia, pseudología fantástica (mentir), síndrome de Munchausen
(asumir papel de enfermo) que es un tipo de trastorno facticio, peregrinar (síndrome de
Stendhal) que es una manera de viajar con significado religioso o espiritual, religión.
Todo este
tipo de conductas adictivas suele ir asociado en la mayoría de las personas a un
mecanismo psicológico de negación por el que el sujeto trata de quitar importancia al
interés o al deslumbramiento suscitados en él por la conducta,, hay también un intento
de autojustificación y de convencimiento a los demás por medio de una distorsión
acentuada de la realidad, es el momento en
que el sujeto comienza a realizar la conducta a escondidas.
Variables
personales asociadas a las conductas adictivas:
La
Búsqueda de sensaciones ha sido un concepto muy unido tradicionalmente al de adicción comportamental y tóxica. Los diferentes
estudios han constatado que efectivamente existe una correlación positiva entre las
puntuaciones obtenidas en las escalas de búsquedas de sensaciones y las conductas
adictivas. Las conductas típicas de la
búsqueda de sensaciones son conductas de riesgo, conductas ilegales, conducción
temeraria, deportes de riesgo, etc.
Impulsividad: Las personas con algún tipo de adicción
comportamental suelen puntuar alto en las escalas que miden la impulsividad. En contra de lo que habitualmente se cree, las
adicciones comportamentales tienen un carácter impulsivo, más que compulsivo. En el impulso hay un matiz de placer y es
egosintónico. Sólo en raras ocasiones
estas conductas adquieren tal intensidad que se perciben como ajenos a la personas
(egodistónico) y no gratificantes (matiz
compulsivo).
Depresión: Es ya clásica la relación existente entre
estados de ánimo depresivos y conductas adictivas.
Hay autores incluso que han afirmado que la conducta adictiva es utilizada
por el individuo como autoterapia. Sin
embargo la dirección de la relación causal aún realmente está sin determinar.
Baja
autoestima: Al igual que en la depresión,
aún no se ha podido establecer con claridad es la relación causal entre adicción y baja
autoestima.
Ansiedad:
Los sujetos que presentan un diagnóstico positivo de adicción conductual suelen
presentar también altos niveles de ansiedad, e incluso la prevalencia de los diferentes
trastornos de ansiedad es mayor en este grupo que en la población general.
Materialismo: Según un estudio de O´Guinn y faber (1989) son
las dimensiones envidia y falta de generosidad , más que la
dimensión posesión, las que diferencian adictos a la compra de los no
adictos a la compra.
El MIDI (Minnesota Impulsive Disorders Interview) de
Christenson, 1994, es un instrumento de medida para los trastornos adictivos (la compra
básicamente).
Becoña, E. (2001). Tratamiento
psicológico de las conductas adictivas. En J.M. Buceta, A.M. Bueno y B. Mas (Eds.),
Intervención psicológica y salud: Control del estrés y conductas de riesgo (pp.
423-462). Madrid: Dykinson.
Ladouceur, R. (1993). Aspectos
fundamentales y clínicos de la psicología de los juegos de azar. Psicología Conductual,
1, 361-374.
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El Tratamiento de TAVAD implica la recuperación de daños cerebrales causados por el consumo de drogas, porque la desintoxicación no puede limitarse a la eliminación del síndrome de abstinencia. |
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