24 de Marzo del 2019, 11:33 am - Año IX
 

Arte, Voz, Libertad, Honradez

 ENRIQUE MORENTE



 

No llevaba reloj. No lo llevaba porque no pensaba usarlo. Su planteamiento vital era incompatible con cualquier medida, con cualquier métrica que no fuera la de la palabra o el compás.
 
Empezó diciendo que no pensaba cantar toda su vida como lo había hecho otro señor. Entonces contaba la treintena. Ya tenía conciencia artística y sabía que el inmovilismo sólo es eso: inmovilismo. Eso no podía ser bueno. No podía ser sano. Difícilmente se puede ser artista y papagayo al mismo tiempo.
 
Decía, con aire socarrón, que sus mayores eran grandiosos. “Entonces se cantaba muy bien. Luego llegué yo y empecé a estropearlo todo”. Tras esas palabras se hacía el silencio; un silencio impregnado por una sonrisa avispada y traviesa. Una sonrisa-guiño a sus cómplices, y también a sus enemigos.
 
Ha sido, sin duda, el artista flamenco más criticado y más querido. El más maltratado y el más reconocido. Ha sido el más ortodoxo y el más transgresor. En Enrique Morente siempre se ha dado esa dualidad del blanco y del negro. Ya en el 1977 grabó un disco en homenaje a Chacón al que el Ministerio de Cultura concedió el premio al mejor disco de música folclórica, y grabó el disco “Despegando”, un disco de flamenco moderno, donde todas las músicas eran nuevas y todas las letras de poetas cultos se asomaban al flamenco por primera vez. En los dos discos, tan distintos, existía el mismo espíritu libre e inquieto, porque en la ortodoxia de recordar a Chacón, residía la intención de reivindicar la figura del Papa del Cante, tan denostada por la flamencología imperante de ese tiempo.
 
Otro buen ejemplo lo encontramos en 1994, que grabó el Allegro soleá y Fantasía de Cante Jondo, fusionando el flamenco con la múscia clásica y un año después aparece Omega, donde incorpora en una misma pista el flamenco y el rock duro.
 
Se convirtió en el transgresor… tanto, que decía “a veces vas por delante de ti mismo”. Su avanzadilla en la música sólo fue la punta del iceberg. Transgredió la figura del flamenco y se convirtió en el modelo de la cultura. Su interés por conocerlo todo era desmedido, insaciable, incondicional… igual que sus ganas de vivir.
 
Se nos ha ido una de las mentes más lúcidas de España. Un hombre especial que miraba distinto. Estaremos mejor cuando podamos superar el dolor, pero ahora toca llorar esta pérdida que duele tanto. Es tan grande el vacío que deja en el flamenco y en la cultura de España, que difícilmente se puede explicar ni dimensionar.
 
Todas y cada una de sus frases merecían ser enmarcadas. En su trayectoria fue creciendo, haciéndose más grande con cada paso, con cada nota, hasta conseguir la expresión más profunda a través de la música, desde el flamenco, sobre el flamenco.
 
Ha sido.... es el artista español más poliédrico de la historia, porque ha conseguido proyectarse a muchos otros ámbitos de la cultura: desde la música clásica al rock duro; desde el rap al soul; se proyectó a la poesía culta siendo el primero en musicar poemas de insignes escritores de nuestra literatura; se ha proyectado finalmente a la pintura asociando su nombre al de Picasso, etc., etc...
 
Maestro, has conseguido la universalidad y nos dejas huérfanos de ti. Después de que el flamenco fuera declarado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, dijiste muy acertadamente que la humanidad era patrimonio del flamenco. Es difícil poner orden en estos conceptos. Lo único que tengo verdaderamente claro es que el mayor patrimonio de Morente era la humanidad y el flamenco. Siempre lo supe… Siempre… Cuando apenas podía andar y el sonido de tus cantes se marcaba a fuego en el mapa de mis recuerdos.
 
Mañana, con la cotidianidad, serán mil los proyectos inacabados. Y otras mil las ideas que no tomarán forma. Esas que te rondaban diariamente como un torbellino. Todo te lo llevas a esta ausencia injusta e incomprensible. Te has ido muy pronto y nos dejas huérfanos de tu arte y de tu talento.
 
Te debo mucho, Enrique. Te debo el placer y el dolor de tu música, de tu obra. Te debo la sabiduría y la perspicacia de tus palabras. Te debo la humildad. Y sobre todo, te agradezco el privilegio de tu amistad, Maestro.
 
© Marcos Escánez Carrillo



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