Orientación a la autosuficiencia
(comunidadesautosuficientes).- Cuando hablamos de comunidades autosuficientes no estamos pensando necesariamente en un grupito de personas que se dedican a cultivar huertos y a fabricar cosas artesanalmente, mientras viven de forma sencilla y natural, tal como se hace en una ecoaldea o una granja.
Es cierto que hasta el día de hoy, las únicas comunidades autosuficientes que han existido son de ese tipo, y están constituidas, bien por bandas de cazadores-recolectores nómadas, bien por aldeas pequeñas y más o menos aisladas. Se trata de sociedades igualitarias, basadas en el parentesco y la vida comunitaria, de tecnología muy sencilla y economía de subsistencia.
A estas comunidades autosuficientes las llamamos de tipo 1, por ser las únicas comunidades autosuficientes reales o históricas que han existido. Pero nosotros no estamos pensando en las comunidades autosuficientes de tipo 1, pues no se puede retroceder al pasado.
Por poner un ejemplo: durante cientos de miles de años solo existieron grupos de cazadores-recolectores, y durante toda esa época la población mundial no superó los dos o tres millones de personas. Cada pequeño grupo de estos nómadas necesita mucho territorio para sí. Cada uno de estos grupos autosuficientes contaba con unas 20 o 30 personas, por lo que había tan solo unos cien mil grupos en todo el planeta. Pero con la llegada de la agricultura y de la ganadería, al poder intensificarse la producción de alimentos, también aumentó la población mundial, que se multiplicó por cien, pasando de dos o tres millones a doscientos o trescientos millones. La vuelta atrás, desde el mundo de las aldeas neolíticas al de los nómadas paleolíticos se había tornado imposible. Otro tanto ocurrió con la llegada de la revolución industrial: la producción volvió a intensificarse, la calidad de vida aumentó, la gente empezó a morirse con menos frecuencia, y como resultado de todo eso vamos camino de multiplicarnos de nuevo por cien, haciéndose más difícil aún el regreso a la caza o a las pequeñas aldeas.
Nosotros no pensamos en las comunidades autosuficientes de tipo 1, sino en aquellas otras que llamamos de tipo 2 y de tipo 3.
Para entendernos, las comunidades autosuficientes de tipo 3 son las que existirán dentro de un siglo, altamente tecnificadas, sustentadas por la nanotecnología, la biotecnología y la inteligencia artificial. Funcionarán prácticamente solas y producirán de forma limpia y sostenible todos los alimentos, energía y materiales necesarios para el mantenimiento de una comunidad en cualquier lugar de la Tierra o del Espacio, ya sea en un desierto, en la Luna o en Marte...
Por poner un ejemplo, se producirán alimentos programando a las bacterias, se extraerá energía fotón a fotón de la radiación solar, se crearán átomos artificiales imitando cualquier configuración electrónica, etc, etc... Todos los recursos podrán extraerse en la cantidad en que se quieran, de una forma gratuita y limpia. Esto no será algo milagroso, no se violará ningún principio de la física, pero sí que seremos capaces de extraer esos recursos de los elementos más básicos y simples, que abundan por todas partes en el universo. Así, al obtener alimentos de los microbios, lo haremos sin dependencia de suelo, plantas o animales; al obtener los materiales de los propios átomos, transformando unos en otros, no dependeremos ya de las minas y los yacimientos; y la energía se obtendrá manipulando las partículas más elementales de la radiación solar. No se trata de obtener cosas de la nada, porque eso es imposible, pero las obtendremos a partir de materias primas y energía que serán tan abundantes, y que estarán tan a mano, que no supondrán para nosotros ningún tipo de coste, ni económico ni ecológico.
Todos los procesos necesarios para el mantenimiento de una comunidad autosuficiente de tipo 3 estarán automatizados, por lo que estas comunidades serán automantenibles, autorregulables y autorreproducibles: las comunidades se podrán exportar fácilmente a cualquier lugar a partir de un prototipo básico.
Hay que tener claro, por lo tanto, que cuando hablamos de comunidades autosuficientes de tipo 3 nos estamos refiriendo a las ciudades del futuro, haciendo gala de una prospectiva cientifico-técnica a medio o largo plazo. No se trata de ciudades que podamos construir ahora, no existe aún la tecnología que permita funcionar a pleno rendimiento este tipo de comunidades autosuficientes. Sin embargo, esto no debe desanimarnos y hacernos desistir de avanzar hacia este mundo de comunidades autosuficientes, aparcándolo a un lado como producto de una utopía estéril, y apropiada únicamente para un guión de la ciencia ficción.
El camino hacia la igualdad y hacia la liberación humana está ahí, y si queremos llegar dentro de un siglo a ese mundo de las comunidades autosuficientes, bueno es saber a dónde nos dirigimos. Tenemos que comenzar a caminar ahora en esa dirección, sabiendo que los problemas globales que afectan en esta época a la humanidad son pasajeros y transitorios. Muchas cosas tenemos que hacer para aproximarnos a esa realidad, y el viaje será lento y costoso. A este viaje de transición hacia el mundo de las Comunidades Autosuficientes le llamamos "orientación a la autosuficiencia". La humanidad ha de tomar consciencia de esta dirección en el horizonte y orientarse hacia allá, dando sentido y forma a su avance, consolidando día a día el futuro, acercándolo un poco más al presente...
La orientación a la autosuficiencia consiste en tomar consciencia no solo de lo bueno que será la autosuficiencia de tipo 3, cuando sea posible de una forma completa en ese mundo futuro, sino de lo bueno que es ya orientarse a la autosuficiencia, aunque sea de una forma lenta e incompleta. No es necesario una autosuficiencia del cien por cien para mejorar el mundo, cualquier aumento de autosuficiencia se traducirá en una mayor independencia, autonomía y libertad de la sociedad civil frente a la tiranía de los poderes dominantes. El crecimiento y la madurez de la vida local y comunitaria producirá una mayoría de edad de la especie humana, de la que ya no habrá vuelta atrás. Las implicaciones de la autosuficiencia son infinitas y se extienden a todos los ámbitos de la vida social.
Para que las personas puedan determinar de manera igualitaria y democrática su sistema de vida se hace imprescindible que sean capaces de generar sus propios recursos, su propia riqueza. Por eso, hablar de la emergencia de la socidad civil es hablar de una orientación hacia la autosuficiencia de las comunidades. Alcanzar la mayoría de edad como ciudadanos supone aprender a vivir en comunidad sin depender en lo básico de la riqueza, recursos, materias primas, instituciones y normas de otros, lo que, a su vez, implica el desarrollo de una tecnología de la autosuficiencia comunitaria.
La forma en que nos vamos transformando a nosotros mismos y a nuestros barrios y comunidades mediante la potenciación de la democracia y la tecnología de la autosuficiencia, dentro de nuestros propios municipios actuales, asociándonos los que padecemos el sistema habitual de vida, sin pretender escapar de él ni aislarnos de su influencia -lo cual es realmente imposible-, y sin pretender tampoco enterrar la cabeza en la arena o seguir como si no pasara nada; eso es a lo que llamamos orientación a la autosuficiencia o autosuficiencia de tipo 2.
Es la forma en que nos enfrentamos valientemente a la situación e intentamos cambiarla, siguiendo un plan que llamamos el Proyecto de las Comunidades Autosuficientes, que comprende la Humánica, la Urbánica y la Utópica.