ruta de la sidra

 LLASTRES-COLUNGA

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"Cuando "salí" de Lastres volví la cara llorando".La primera vez que salí de Lastres, sólo tenía tres años y evidentemente no me acuerdo si lloré: aunque conociéndome creo que sí. Después estuve en Colunga dos años y al trasladar a mi padre a Ubrique  (Cádiz, en 1958), perdí todo el contacto con Asturias y con esos dos rincones maravillosos, al que tengo que añadirles Güerres, donde viví unos meses; una aldea de cuatro casas y dos hórreos,  del término municipal o del concejo como allí llaman, que se mantiene tal como era.  Mis vecinos,  entonces ya mayores,  han fallecido. Me traje las cuatro casas y los hórreos en fotos. Esta fue la actividad más intensa que realicé durante el viaje, más de cuatrocientas ...en digital.

He vuelto cuarenta y siete años más tarde, para estar sólo cinco días maravillosos. Nací allí, según quiero creer, porque lo elegí antes de que me engendraran. Si hay quien dice que esto es posible, yo quiero creerlo y creo (aunque redunde) que lo elegí porque sin duda es de los pueblos más bonitos del mundo y tiene todo lo que me gusta: sobre todo buena gente, el campo y la mar y por último he descubierto las fabes con andarica (nécoras), de mi "tita" Angelita y la dorada a la sidra ¿se puede pedir más?. Aunque no lo crean, vuelven a salir, esta vez de forma más física, las lágrimas de mis ojos y eso me indica, que aunque me digan que estoy "colgao" tengo razón. Con eso me basta, para afirmar lo que pienso y lo que saldrá de ahora en adelante; que aún no lo sé. Lo que si se es que también lo quiero "elegir" para morir, aunque quizás esto ya no esté en mi mano ¿ O sí?

No se si en esos primeros pasos de mi vida monté en barco, pero si me acuerdo de dos experiencias de la mar: una que estuve a punto de ahogarme en la playa y otra, las "albercas" de mariscos que había cerca de la Rula o en la Rula, con los que yo alucinaba. Me acuerdo de mi primera experiencia con animales, concretamente con las vacas de Cesar "el cabezón", aunque esto fue ya en Colunga. El también lo recuerda, sobre todo de una vez que me meé en un cubo de leche y volví a mearme cuando me cogió mientras huía por el prado. El lo recordaba el otro día cuando fui a buscarlo y lo encontré casi de inmediato; aunque ya no ordeña las vacas sigue teniendo y así como dos caballos: animal que me fascina y cuando he podido he tenido. Ahora resulta que había incluso dinosaurios ...estarían en el bosque, pero a mi no me dejaban entrar sólo,  y por eso no los vi nunca.

Hablaba de que no me acordaba si monté en barco y más concretamente en una barca de pesca y lo hice, en esta ocasión (en otras veces por los mares del sur me habían invitado y nunca subí) acompañado del patrón Ulises, hijo de "mi tita" Angelita  y descendiente de los propietarios de la casa dónde nací: la Corrada, concretamente en la habitación del obispo. Hoy la casa sigue manteniendo la estructura de fuera y la palmera del corral, donde correteaba detrás de las gallinas y tengo una foto hecha con mi padre, cuando aún andaba con peleles. Ahora es un apartahotel; ¡cosas del progreso!

memoria

Bueno, pues en este pequeño viaje de apenas una hora recorrimos, la parte "buena" de la costa de Llastres, eso es hasta las playa de las Griegas, dónde posiblemente mis padres me llevaban a bañarme y pudo ocurrir lo que contaba del casi ahogo. Descubrí que incluso hay huellas de nuestros antecesores y gigantescos convecinos, sobre unas rocas en las que posiblemente yo jugué alguna vez con algún barquito, en el agua que dejaban las olas tras acariciarlas, ajeno completamente a su existencia. En esta ocasión sólo me mojé los pies, pero me bañé a las siete y media de la mañana en la calita del puerto al otro día, aprovechando uno de los pocos minutos de sol que hubo esa semana de primeros de julio de 2004 en Asturias. Lo del sol sólo fue una excusa, lo hubiera hecho con lluvia igualmente. No quería irme de allí sin sentir, de nuevo,  en mi cuerpo el agua del Cantábrico donde me di los primeros chapuzones, comprobando que es mucho menos salada que la del Mediterráneo, en cuyas orillas vivo ahora. Tampoco estaba fría, lo que me gustó mucho más. Me di mis clásicos tres chapuzones, a modo de nuevo bautismo. Aunque esta vez sin padrinos. Me vio Silvino, un vecino que también se acordaba de mi padre, de quien hablaré más adelante.

No dejé de mirar para todos los rincones de Lastres desde las ya movidas aguas del mar abierto, como queriéndome ver bajar o subir, según para dónde mirara,  por la empinada calzada del puerto al pueblo. No se por que estaba casi obsesionado con esto. Me ocurría igualmente cuando me asomaba al balcón de la casa de, ya, nuestra amiga Mari Luz levantada al borde de esta misma calle y en el que pasé muchos minutos pensando como "verme", cogido de la mano de mi padre o de mi madre o de los dos, e incluso de mi madrina Marta, tía de Ulises, quien me llevó a la Iglesia a tomar las aguas bautismales cuando tenía once años.

Ella se acuerda de mis padres, mucho más que yo de ella; en honor a la verdad tengo que decir que nada. Pero sí me pareció reconocerla, o mejor lo sentí, en nuestras dos conversaciones sentados en la puerta del Restaurante Bitácora, propiedad de tita Angelita,  lugar que también enseña el puerto, el horizonte y la costa: una visión que ya jamás olvidaré. A Marta, en pocos minutos, me parecía como si la hubiese visto toda la vida. Su dulzura, y su nobleza, hacían que cuando recordaba algo se le saltaran las lágrimas y a mi de paso. ¿Vendrá Llastres de lagrima? Parece que no. Ulises, hombre que conoce casi toda la historia de nuestro  pueblo, me decía que viene de llastra o laja. Lastres está hecho sobre piedra en un casi acantilado. Marta, me hablaba de todo lo que aconteció y se acordaba de aquellos años donde convivíamos puerta con puerta, recordaba y me describió a mis padres y algunas anécdotas, sobre todo de la escuela que dirigía su tía Marina, de quién me acuerdo más, ya que mi madre guarda una foto de ella y la he visto muchas veces a lo largo de estos años.  Pregunte especialmente por ella, mi maestra y no pude llevarme peor noticia: había muerto. Era de la única persona de la que yo tenía algún conocimiento. Reconozco que me entristeció esta noticia, estaba ilusionado de hablar con ella. Me enseñó a leer con dos años. ¡Entraba en su aula a gatas!, es otra de las pocas cosas que están asaltando a mi mente despacito, de aquellas infantiles vivencias en Lastres; mi pueblo.

Las lágrimas han vuelto a acudir a mis ojos al pensar y escribir "mi pueblo" . Y quiero retomar mi recuerdo de los juegos en la pequeña explanada (con inclinación, como es natural allí) de la puerta de la Iglesia de Santa María y de la Ermita de San Roque, dónde en una de mis precoces fechorías, rompí un reloj de mi padre. Unos niños mayores me incitaron a hacerlo diciéndome que no se rompería. Puedo casi ver aún, los trozos esparcidos por el suelo y la reprimenda con algún que otro azote en el culo más tarde al llegar a casa sin el reloj; que no recuerdo, ni mi madre tampoco como llegó a mis manos para ir a jugar. Al año siguiente o al otro, me ocurrió algo parecido en Colunga con una pizarra. Por entonces, además de la pizarra tal como suena y de ese mineral, existían otras de no se que otro material que no se rompían. De nuevo, cándido de mí (algo que me ha acompañado toda la vida), me dejé engañar y la tiré alegremente al suelo diciendo que tampoco se rompería. No pueden imaginar la desilusión, cuando la vi saltar a cachitos en el pequeño porche que había a la entrada de la escuela y sobre todo el disgusto, pensando en lo que me podía esperar en casa. Aunque si soy sincero, no me acuerdo, pero puedo pronosticar lo que pasó conociendo la rectitud de mi padre y el genio de mi madre.

el viaje

Comenzamos el viaje como de costumbre, desde San Pedro Alcántara, donde vivimos, y haciendo escala en Granada para dejar a Jara, nuestra perra en casa de Paco y Francisco Javier. El ya clásico embotellamiento de la autovía para entrar en Málaga desde Benalmádena. Salvado este escollo, a la salida veíamos las riadas de coches que bajaban para acercarse a la Costa del Sol. Era el primer fin de semana de julio y se notaba. Además de vacaciones, íbamos huyendo del calor: vivimos a doscientos metros de la playa y ni aquí se puede dormir bien (ahora que escribo, 26 de julio es casi imposible). Tuvimos suerte, las noches de Granada suelen ser frescas cerca del Darro sobre todo, y agradecimos su brisa tanto que amanecimos tapados. Por la mañana, salimos para Tarancón (Cuenca) donde haríamos noche y como de costumbre comimos, sobre todo, morteruelo y zarajos ... con unas cañitas, de las bien "tirás". Aquí la noche ya no fue tan fresca y de nuevo se tardó en conciliar el sueño; sobre todo yo que entre otras de las miles de cosas que te pasan por la cabeza, cuando quieres y no puedes dormirte, quería imaginarme mi pueblo. No había manera, aún no he aprendido a visualizar y por tanto mucho menos algo que no había visto desde hace 47 años y del que tienes recuerdos muy vagos. Sobre todo lo conocía, o podía hacerme cierta imagen, por lo que había oído a mi madre .... pero evidentemente no alcancé ni a imaginar lo que vería más tarde y lo que sentí, sobre todo.

Nuestra primera parada, ya casi en Asturias, fue en Caldas de Luna: una maravillosa aldea en medio de unos montes verdes y grises dónde según dicen, "desde aquí la Luna es más bonita" y hay además, un balneario de aguas termales. Raro en nosotros, no lo utilizamos. Comimos, junto al arroyo juguetón, y vi a mi paisano Fernando Alonso, quedar tercero en el G.P. de Francia. Anotamos en nuestra agenda mental, para la próxima vez parar un poco más en este sitio fantástico de la provincia de León. La comitiva estaba compuesta por Maribel, mi compañera; Pilar y Bea, mujer e hija de Alfonso y un servidor.

Llastres

La anterior fue la última parada antes de llegar a Lastres. Bajamos directamente al Puerto y empezaba a familiarizarme con el olor intentando recordar a través de este sentido algo de mi infancia; (desde que leí El Perfume ...). Después del muro y recorrer la vista hacia la derecha, viendo la costa, creí reconocer la Rula, no obstante, ya no era el mismo edificio antiguo; habían hecho obras de remodelación del puerto y la antigua lonja de pescado ya no existía. "En Lastres, me decía un antiguo pesacador-marinero, ya no hay capturas como antes". Yo recordaba vagamente el trasiego de pescadores y pescado, también  las albercas con marisco. Nada de eso existía ya. Pero el pueblo parecía seguir siendo el que era, aunque su principal actividad económica, la pesca, esta casi desaparecida. Si levantaran la cabeza los antiguos cazadores de ballenas y los pescadores de hace unas decenas de años atrás "que traían miles de kilos de besugo diarios".

En uno de los bares del puerto preguntamos por los antiguos propietarios de la Corrada, y su descendencia, pero no supieron respondernos; "llevamos pocos años aquí". Fue nuestra casera Mari Luz, quien nos dio "norte" sobre ellos y nos mandó a la casa que por las fotos que conserva mi madre es por fuera como era, aunque de color casi albero y un rótulo en la puerta que anuncia su actividad: apartahotel. Preguntamos a su propietario y nos envió sin darnos mucha más información al Restaurante El Bitácora. Casualidad, ¡éramos vecinos!. Mari Luz, no había "caído" en que Ulises es nieto de Cecilia, su propietaria entonces.

En el puerto, yo iba diciendo a casi todos los que me parecían de allí, con mi acento andaluz, "yo también zoy de Laztre", aunque pocos me creyeron, sólo los que vieron mi carné y es más alguno pensaría que nos estábamos cachondeando de ellos. "Un llastriño con acento andaluz", no les cuadraba y era normal que así fuera. Tras un corto recorrido por el espigón pequeño y alrededor de la Rula, pedimos la primera botella de sidra que nos supo a gloria y nos introdujo del tirón, en una de nuestras mayores aficiones en Asturias tomar culines y comer, además de recorrer casi media provincia en esos días y como es natural hacer muchas preguntas sobre todo, que sirvió de base para ampliar mis conocimientos culturales y sociales de mi pueblo y de donde íbamos y que serán parte de este, digamos, reportaje aunque no aporte demasiados datos.

Mi nueva familia

Una vez instalados en la casa y hecho un pequeño recorrido por el pueblo. Lo único moderno que vi, fue algún edificio de "marinería" nuevo o remodelados sobre los viejos, no lo se, ni pregunté y una tira de pisos de dos plantas adosados y otros pocos más altos. También en la salida hacia Luces y detrás de la iglesia de Santa María, había algunos bloques de viviendas. Por lo demás todo rezumaba a viejo, aunque bien cuidado en su mayoría. Y el verde que lo inunda todo, desde el verdín de los escalones y solares con ortigas (de las que también guardo un recuerdo de infancia), hasta San Roque y si miraba hacia abajo, el monte que resbalaba suavemente hasta llegar casi a la orilla de la playa; en otros lugares el verde se había tragado la arena literalmente. "Eso sólo ocurre en Asturias", me dijo alguien. Como estábamos también cansados del viaje, decidimos ir a casa y más tarde a comer en El Bitácora donde encontramos a parte de los descendientes de mi casa natal: Ulises y sus hermanos. Su madre, a la que adoptaría como tita, se había casado con uno de los hijos de Cecilia, pero eso fue años después de nuestra partida. No conocía a mis padres, pero si me dio pelos y señales de su familia política conforme yo le iba preguntando, según la lista que me dio mi madre..

Mientras charlábamos, tita Angelita no paraba de cocinar; llegamos en la hora punta. Por eso no quise cansarla mucho y decidimos probar algunos de sus platos: calamares en su tinta con arroz blanco, calamares fritos sin rebozar, anchoas con queso fresco marmitaco y alguna delicia más que ahora no recuerdo. Y la sidra, escanciada por Ulises con la maestría que da el vivir y tener un bar en Asturias. Creo que fue esta tarde noche y tras la amabilidad y el cariño con el que nos trataron, cuando empecé a sentirme llastriño de verdad .... mi acogida, a pesar de las ausencias, no habría podido ser mejor; ni conocer a mejor gente, o mejor familia; creo que a estas alturas, y desde entonces, el sentimiento es el mismo. ¿Cómo estás cariñín, me dijo tita Angelita cuando la llamé por teléfono ayer? También la sidra, auténtico estandarte asturiano, contribuyó a que nuestros días, primero esa noche fuera muy agradables; el único problema que cada diez minutos había que ir al servicio. Por lo demás magnífico, buen cuerpo y muchas ganas de reír y de oír historias. Aunque ya estábamos todos bastante cansados tras la cena: unos, ellos, por el trabajo; el restaurante se puso a tope y nosotros por el viaje, por lo que decidimos volver a la casa y mañana sería otro día.

Desde uno de los balcones de la casa, otro lugar privilegiado sobre el mar y con el sonido de las olas de fondo contemplaba el puerto, la calita y sobre todo la calle, como decía antes, tratando de encontrarme subiendo o bajando por ella. Un barco que se disponía a salir a faenar, me distrajo de este pensamiento y  introduciéndome en el horizonte oscuro, sólo iluminado por un gran foco del pesquero que se alejaba lentamente dejando una gran estela sobre el agua negra. "Había hecho sol hasta las tres de la tarde", nos dijo nuestra anfitriona. Esta climatología, adversa para alguno de nuestra comitiva y sin embargo a mi me encantaba: me tuve que tapar en el mes de julio para dormir. Estaba y estábamos todos muy a gusto. Hablábamos de lo bonito que es todo, aunque apenas habíamos visto nada y decidimos ir a dormir, no sin antes echar otro vistazo. Sólo las luces del puerto nos permitían ver algo. El murmullo de las olas, rompiendo a diez metros de la casa, y la sidra sirvieron como un sedante. Estábamos durmiendo sobre las doce, algo impensable en Andalucía en esta época. Por la mañana unos cuervos pequeños graznaban al lado del emisario roto (¿no lo podrían arreglar?) por algún trozo de porquería, poco más tarde una patrulla de gaviotas se encargaba de echarlos. Mientras una urraca daba saltos desde la calle al murito cazando insectos ....

Mi nuevo primo me dio el teléfono de Marta, que casualmente estaba en Lastres, ya que vive en Oviedo habitualmente. Sobre las nueve y media de la mañana no me pude aguantar más y la llamé. Diez minutos más tarde estábamos charlando bajo uno de los claros que dejó ese día. Me miraba, como si intentara reconocerme como aquel que había cogido tantas veces en sus brazos. Yo seguía sin tener ningún recuerdo de ella. Lo entendí y me dediqué a escucharla. Me contó el bautizo: "en realidad tu madrina iba a ser una tía tuya que no pudo venir y tus padres me eligieron a mi, ya que nos veíamos todo el día y nos queríamos mucho .... tu madre era muy simpática y alegre". También me contó la historia de su familia desde entonces y lamentaba también la muerte de sus hermanos, de su marido, de Marina y la enfermedad de su madre Cecilia Me dijo muchas veces que se acordaba especialmente de mi y que tal como yo no había tenido más noticias nuestras desde entonces. Se emocionaba fácilmente y yo con ella y más que recuerdos, de la conversación y de la segunda que tuvimos, me quedan sensaciones....Me dijo varias veces Llastriño y eso reforzó mi sentimiento sobre el pueblo y sobre todo sobre ella y los demás. Comprendí que podrían aceptarme completamente, como si no hubiera pasado el tiempo. No hubo ni un gesto de extrañeza. Nos hicimos algunas fotos, tomamos un par de cafés y quedarnos en vernos en un futuro no muy lejano, lo que quiero cumplir pronto y charlar de nuevo frente a ese mar y a ese verde que cada vez me llena más de esperanza.

Nunca me había sentido tan a gusto en  un barco. La verdad es que no he navegado mucho, sólo en los ferrys hacia Marruecos. Pero creía que no iba a superar la prueba, ya que esas experiencias no las hubiera hecho de no ser por conocer ese país. Me sentí, aunque parezca perogrullo, un poco marinero. Incluso me atrevía a pasar de popa a proa, a pesar de los saltos que la barca daba atravesando las olas, que poco más tarde romperían en las playas. No sólo esto, si no que saqué medio cuerpo hacia fuera para poder tocar el agua. Antes de subir, pensaba que me entraría de todo. No fue así y me creí un lobezno de mar, en compañía del patrón mi "primo" Ulises y del "grumete" y cámara, que fue mi cuñado Alfonso, quien si padeció un principio de mareo, pero superó también la prueba. No en vano es de La Línea. La vista de Lastres desde el mar, no tiene desperdicio para ninguno de los sentidos; es como una joya y .

Turismo

Nuestro segundo objetivo del viaje era conocer o hacer turismo como se llama ahora. Aunque el primer paseo fue por Colunga y Güerres, con lo cual casi vuelvo de nuevo al principio. Vi a Cesar, fue la segunda persona con la que hablé en mi segundo pueblo y de nuevo los recuerdos de familia: "¿Tú eres Juanito Santaella? Menudo rapaz ".Habló de que se acordaba de nosotros, era evidente al decir mi nombre y quedamos para otro día, sin fecha, y cuando llegamos no pudo atendernos. Espero que la próxima vez.....

Pero quiero volver a mi lugar de nacimiento. Llegamos un sábado por la tarde; día fuerte turístico y en Lastres había gente que se notaba que no era de allí, también pocos guiris. Un lugar ideal, para descansar. El bar del puerto estaba abarrotado, y tuvimos que esperar un momento para que nos sirvieran la primera sidra. Después hicimos un pequeño recorrido, hasta "mi casa", dónde nos contaron parte de lo ocurrido desde que salí de allí y nos dirigimos, escalones arriba, hasta la Iglesia de Santa María de Sábada. Intentaba de recordar la de tardes que pasaría allí, en la explanada y desde allí por el camino que lleva a la Ermita de San Roque. Me vino a la mente lo del reloj, era casi lo único que podía recordar. Hicimos fotos, a uno y otro edificio y desde allí al puerto, a las calles los tejados; éramos unos perfectos turistas. También hicimos indagaciones históricas y un hombre mayor que nos dijo llegó a ser presidente de la Cofradía de pescadores, siento no acordarme de su nombre, nos habló de los orígenes pesqueros de Lastres. "Era un pueblo, en lo que podemos recordar, de cazadores de ballenas y pescadores. En la historia más reciente puedo decirte que hace unos treinta años, se capturaban miles de kilos de besugo diarios, siendo Lastres también famoso por esto, además de dar de comer a muchas familias. Ahora la pesca es mínima, y apenas pueden vivir unos cuantos de ella".

Esto me lo corroboró también Ulises y otras gentes, no obstante el pueblo sobrevive. Ahora con el Museo Jurásico, probablemente el turismo crezca y es posible que poco a poco la afluencia de personas y la movida económica que pueda generar consiga cambiar el entorno. Espero que no y que lo que se haga se ajuste a lo que hay...en fin, no quiero ser yo el que opine sobre esto, cuando tampoco me interesó mucha hablar cuando estuve allí sobre el tema....si han vivido sin mis "consejos" cincuenta años, creo que lo seguirán haciendo sin problemas.

Además de las dos iglesias mencionadas anteriormente. Lastres tiene otras dos ermitas centenarias, donde las mujeres solían rezar para que sus maridos e hijos volvieran sanos y salvos de la mar (tengo que darme un capón, porque no quise escribir los nombres y fechas para hacer un alarde de memoria y he de  reconocer que he fallado. Hecho que remediaré cuando me comunique con algún paisano. También se me han olvidado nombre de pueblos y de lugares, sólo de los dos o tres que tomé nota puedo darlos...en fin).

Desde los balcones. tanto de la casa, como de El Bitácora contemplábamos varios montes, entre ellos el de Luo y su fillo. Hay una leyenda que me cuenta Ulises: "El fillo de Luo, por mucho que coma y beba, a los cojones del padre nunca llega". Esto se emplea como refrán, de aquellos hijos, que dicen, nunca serán como sus padres.

Tras recorrer mi lugar de nacimiento, playas y faro incluido, nos dirigimos a Colunga de donde recordaba la iglesia y el edificio de la escuela donde iba. Descubrí varios edificios y murallas, de las que no tenía ni idea y los fotografié; pa luego enterarme ..aún no lo he podido hacer. Así fue casi todo el recorrido, por los pueblos y lugares que recorrimos....fotos, fotos y más fotos y de vez en cuando preguntábamos a alguien sobre algo o me lo aclaraba mi cuñado que había estado más veces. De ahí a Güerres, donde según me describe mi madre está exactamente igual, si no fuera por un coche aparcado bajo uno de los hórreos. Me fijé especialmente en los avellanos y en la muralla de piedra que recorre el camino hasta Colunga, ahora interrumpido por la carretera. Por un momento me veía cogiendo avellanas y o manzanas, en mis idas y venidas hasta la escuela. Y recordé también, cuando escondí un paraguas porque dejó de llover y estuvo perdido tres días. La paliza que me gané fue memorable. Una vecina lo había cogido, pero no lo devolvió a tiempo.

La Cuevona, camino de Ribadesella fue nuestra siguiente parada. Alucinamos al atravesar parte de la cueva con el coche y también nos quedamos fascinados con la tranquilidad que se respiraba allí. Varias casitas y hórreos diseminados, algunas agrupadas formaban un conjunto ideal para quedarse embobado mirando el paisaje y quizá poder descubrir algunos secretos de la cueva. Pero sólo vimos a unos jóvenes montando a caballo, vacas paseando por las calles y oliendo las hortensias y un corral con gallinas a las que le eché una col subida de un huerto cercano. Hecho el recorrido de rigor y fotografías hasta la estación del tren, nos dirigimos a Ribadesella, donde no entramos a visitar la cueva de Tito Bustillo, con las pinturas rupestres, pero si tuvimos oportunidad de admirar el pueblo, decorado especialmente por varias casas a lo largo de su paseo marítimo, seguramente de indianos, que sabían muy bien lo que hacían, Este pueblo y su entorno, es también especial.

Recorrí el paseo marítimo con Pilar y Bea, mientras Alfonso y Maribel habían subido al mirador, de dónde he visto unas fotos fantásticas. En el paseo descubrí que existe una mitología asturiana que desconocía; el único nombre que me queda grabado de tales personajes es La Xana, a las que me hubiera gustado encontrar en alguno de los paseos que di; aunque por otro lado, también me acojonaba un poco, si tengo que ser franco. La Ría, su playa, el entorno boscoso y sobre todo la tranquilidad que se respira, a pesar de una especie de mercadillo, con "cacharros" para los niños. Antes de terminar el paseo unas gotas, bastante gorditas, nos avisaba de lo que iba a ocurrir casi de inmediato. Una tromba de agua, nos hizo desistir de nuestro paseo y hacer que nos refugiáramos, como no, en una sidrería cuya barra es una barco. Allí nos tomamos dos tres botellas ( y la niña biofrutas, por si acaso), con unas anchoas que como dicen por aquí "las ensoñaré". Igual tengo que decir del resto de la comida. por donde quiera que fuimos.

Villaviciosa, fue nuestro otro destino, al día siguiente, y allí la primera visita fue para la sidrería  "El Coro"de don Manuel Perullera, a quien le dijimos que íbamos de parte de Ulises (toda la sidra que vende es de allí). Don Manuel nos atendió como amigos y nos descubrió alguna de las cosas, o todas, que desconocíamos de la elaboración de la bebida nacional asturiana. Tras las explicaciones y el recorrido por las instalaciones, cogió un vaso y abrió uno de los grifos de un barril de más de treinta mil litros de rica sidra que nos ofreció, por varias veces. Sin duda, fue uno de los momentos más deliciosos y original del viaje. Recorrimos parte de la población, haciendo fotos hasta a Carlos I y el sombrero, al que se le caen o le quieren entrar las manzanas, en una mañana soleada amenizada por una orquesta de indios americanos, casi auténticos.

De ahí a Gijón, donde echamos la tarde recorriendo el paseo marítimo y otros edificios, hasta que una ventisca "nos tiró" para una cafetería. De esta ciudad tengo un poco de cacao, entre lo romano y lo posterior, fue todo tan corriendo que prefiero recordar lo que ví aunque no pueda narrarlo, ya que me faltan datos, que evidentemente no apunté; espero que sea la última vez que pase. Puedo hablar del abarrotado puerto deportivo, donde me sorprendió la ventisca tras un fuerte titiliteo de las cuerdas de los mástiles de los veleros, o al menos eso me pareció a mi ,,,se me ocurrió grabarlo, aunque no podía hacerlo, para ponerlo de introducción en una música de tormenta (cosas de mi vena musical). Antes de salir, nos encaminamos hacia la Universidad Laboral. no con el deseo de recibir cultura; por supuesto que admiramos y fotografiamos el edificio por fuera. "es una de las obras civiles más importantes de España", nos comunicaba Alfonso. Pero nosotros íbamos a otra "obra". Nos dirigíamos a una bodega (no me regañen, tampoco me acuerdo del nombre) y pudimos repetir la historia de por la mañana con don Manuel, ¡que bueno!....El día, a falta de la cena en El Bitácora, había estado completo. Esa noche comimos dorada a la sidra. Te felicito de nuevo tita Angelita.

Por primera vez he subido a los Lagos de Covadonga. Me puse a sudar a pesar del frío, cuando vi a tres ciclistas, bastante maduritos, en los comienzos de la cuesta. Yo estaría todavía subiendo, o mejor hubiera dejado tirada la bicicleta de pensarlo. Curva tras curva, ya lo había visto en las Vueltas, la carretera se empina y el paisaje cada vez se hace más glorioso. Estamos como en otro mundo, ya que nuestro último parámetro son los campos andaluces, ahora generalmente tostados por el sol. Antes nos habíamos detenido en el mirador del Fito, inenarrable sus vistas y la sensación que se tiene desde allí, desde la costa a los Picos de Europa, recorriendo a vista de pájaro  los valles más inmensos y bonitos que he visto in situ. Una pasada, a pesar de como casi todos los días lloviznaba.

¿Qué decir de la Basílica de Covadonga y la Cueva de la Santina?. Un lugar de peregrinación, más religioso que turístico, con un encanto especial debido a su frondoso y empinado entorno Es increíble una construcción de esas características en un lugar, por entonces, tan inaccesible. Pero ahí están la gran majestuosidad de la Basílica, y la pequeñez, mucho más majestuosa, para el visitante de la imagen de la Santina en la cueva. El rey Pelayo, primer autor de la Reconquista, mira desde su atalaya de piedra hacia el sur (creo). Muy curioso y antiestrés fue la espera en la carretera por la circulación de las vacas...por un momento parecía que estábamos en la India:¡ vacas por las calles!. Antes habíamos pasado por Cangas de Onís, donde admiramos su puente romano, y disfrutamos de una estupenda fabada.

Bajando de Covadonga, encontramos nuevamente un pueblo de ensueño: Pola de Somiedo. Llano, con el río y los bosques al lado. Decidimos parar y recorrerlo, y como no para tomar otros culines, que se tradujeron de nuevo en varias botellas, mientras un terrier no paraba de jugar con Bea. Allí descubrimos un carro de los antiguos: "de los que se incendiaban si andaban mucho y no se les echaba agua a los ejes", como nos dijo un paisano. Un pueblo sin duda para la última jubilación; incluso para ahora, pero estamos un poco majaras.

Antes de llegar a Lastres, nos acercamos a Gobiendes famoso por su Iglesia Prerrománica. Pero hay algo más, incluso desconocido para algunos de los del propio pueblo. Se trata de un hórreo, que sobre una de sus pegullas (piedra o tronco donde se sostiene el hórreo) hay una vértebra de ballena, ya petrificada y que cumple perfectamente su función, desde hace más de dos siglos. "El hórreo por ser su pegullera de piedra, es más "joven", puede tener de doscientos a trescientos años. Los de madera son más antiguos", nos decía un vecino que nos llevó hasta él sin darnos fe, nadie lo sabrá, de como llegó allí el hueso del cetáceo. Otro al que preguntamos antes, no tenía ni idea de lo que les hablábamos. Este hombre, nos explicó que las piedras planas entre la base y el hórreo, es para que no entren los roedores. "Podéis notar que no utilizaban clavos; están ensamblados....". Esta tarde recibimos un poco de la cultura popular asturiana, la cual yo particularmente agradecí.

Castros y más puertos

Llegó el sábado y tuvimos que despedirnos de Lastres. Lo hicimos primero de Angelita, Ulises y su hermana. Llamé a Marta y acudió inmediatamente al bar y tomamos, espero, un penúltimo café mientras me daba recuerdos para mi madre y diciéndome que tenía que volver. Mientras Silvino, un artesano tardío que realiza todo tipo de miniaturas de barcos y hórreos de todas las épocas y que tuvo una anécdota graciosa con mi padre cuando tenía 19 años, me enseñaba su última creación, una reproducción de uno de los cañones del puerto de Lastres que seguramente sirvieron para defender el pueblo de los ingleses y otros piratas, en la época de los Robledo, quienes construyeron un castillo que ahora engalana casi todos los escalones de las empinadas calles llastrenses. El guarda un recuerdo de mi padre y yo un bastón que me regaló al visitar su taller y que le agradeceré siempre.

Como decía medio llorando salí de Lastres y poco a poco me fui haciendo a la idea de que tenía que ser así. No obstante, aún había cosas que ver. Íbamos camino de Navia donde pasaríamos la última noche. Nuestra primera parada fue en el Castro de Coaña, un poblado celta que se conserva bastante bien y que te invita a meditar un poco en aquella época donde los hombres, quizá, eran más auténticos y en la que no faltarían numerosos peligros. Pero por otro lado, seguro que la Naturaleza les servía de todo. Intentamos imaginar como se viviría en aquellas casas circulares, ensambladas a unas callecitas, seguro que suficientes para el tráfico de la época. Digo que intentamos imaginar, ya que no había guía ese día y nos quedamos sin la explicación pertinente. Vimos algunos utensilios, que adivinamos serían para moler o majar cereales y otras piedras con un círculo en el centro, que bien podían ser utilizadas como prensas, metidas en un palo, o metiéndoles un palo, vista la imagen de los hórreos, para salvaguardar algunos alimentos dentro de la casa de los roedores. Dado el paseo por el poblado y realizadas las pertinentes fotos, nos desplazamos hasta Cudilleros: otro lugar de ensueño. El mar parece que intenta colarse en el pueblo por una rampa del puerto. Este es quizá el pueblo más turístico de los que vimos, junto con Ribadesella y sus restaurantes a las tres de la tarde estaban a rebosar. Como de costumbre la lluvia, nos levantó de la terraza y nos refugiamos dentro del local, dónde, como no, también comimos de "muerte". Más fotos y carretera y manta.

Luarca, como no en su puerto, fue la próxima parada. De nuevo aquí había más paseantes. La verdad que hacía una tarde que invitaba a pasear o pescar cangrejos, como varios grupos de niños lo hacían desde una de las paredes. Nosotros como no, dimos también una vueltecita y al poco ya estábamos sentados con una nueva botella de sidra, mientras contemplábamos el espectáculo portuario. Tras el descanso, subimos la cuesta, con el coche, hasta el cementerio, con vistas al mar y seguramente, por esta peculiaridad, uno de los más visitados del mundo; sus vistas son excelentes.

De ahí saltamos a Puerto de Vega, otro encantador puerto formado entre una pared de rocas y un muro artificial que lo amplía. Un lugar casi idílico y como no con un par de botellas de sidra regamos unas gambas, que nos sirvieron de preaperitivo.

Esto era una excursión rápida. Parábamos para otear los paisajes y degustar algunas de las cosas típicas y como no la sidra, presente en todas nuestras estaciones. Así llegamos a Navia, donde teníamos contratado un hotel para pasar nuestra última (por esta vez, si Dios quiere) noche asturiana. Al salir del establecimiento, tuvimos que coger nuevamente, como en otras tantas ocasiones anteriores, la sombrilla de playa para guarecernos de otra pertinaz llovizna. No habíamos ido preparados para la lluvia en absoluto, así que nos lo montamos como pudimos para "pasar" de la lluvia y lo mejor era como no buscar una sidrería. En esta de Navia probamos, además de la sidra, un pulpo al ajillo que aún puedo saborear. Más tarde fuimos a un restaurante subterráneo, y no había sidra, y espero que me perdonen mis paisanos tuvimos que beber Ribeiro ...fue imperdonable, pero con la lluvia no queríamos estar dando más vueltas por la calle. La comida estupenda, servida también por una amable y simpática gallega. La decoración, de piedra, bien ....

Al día siguiente pusimos rumbo hacia Cuenca, pero pasando por Ribadeo y otros lugares fronterizos con Galicia. Volvimos a ver playas estupendas y parajes de ensueño, hasta llegar a Taramundi donde teníamos programado comer. Por el camino nos encontramos una fiesta en una aldea y cerca de unas vacas habían montado un camión escenario donde tocaba una orquesta, cuando llegamos, un pasodoble que me bajé bailando del coche ante el estupor de un par de vecinas mayores que miraban tras de una ventana. Aquí me llevé la sorpresa más grande del mundo. El lugar se llama Folgueiras y no había sidra en la barra ¿se lo pueden creer? la bebida lider era el martini en todas sus modalidades, y en grandes cantidades. Los lugareños y nosotros, lo tomamos en vaso largo como si fuera un cubata. Increíble, pero cierto.

Tras esta parada, llegamos a Taramundi, un lugar perfecto, entre frondosos valles, para descansar y pionero del Turismo Rural. Primero pasamos por una espesa niebla y allí nos recibió, como no, otra potente y descarada lluvia que nos puso pingando mientras buscábamos el restaurante. Entre otros carteles leí una exaltación de la sidra que me hubiera gustado copiar, pero no lo hice y por lo tanto no recuerdo casi nada ( pero que se refleja cada vez que hablo de esa santa bebida); y la verdad que llevaba razón. Comimos, de nuevo estupendamente y con sidra. Después del postre, nos enseñaron la sidrería de donde nace el restaurante. Esta era ya totalmente moderna y no queríamos (tampoco nos invitaron) que nos sirvieran de los barriles metálicos ... se podía romper el encanto de Villaviciosa.

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Tita Angelita me cantó una canción a Lastres, que he querido publicar en su honor y el de todos mis paisanos:

Hermoso pueblo de Lastres

guapa villa marinera,

estás colgadiña del cielo

como si fuera una estrella.

Mis amores son de Llastres,

con una nena guapina

conocíla por San Roque

como si fuera una estrella.

Yo soy de Llastres,

yo soy llastrín

y vengo de la mar

de pescar pixín,

besugo, merluza y calamar

y por la madrugada

manín pa la mar.

Manín por aquí

manín por allá

manín donde vienes

manín donde vas

pa la fiesta de Llastres

manín es verdad