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«La masacre del 11-M sigue cayendo sobre los hombros de George Bush»
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«Sería mejor que Zapatero no apoyara la formación del ejército de Irak»

 

J. MORÁN

Joseph E. Mulligan (Nueva York, 1943), jesuita norteamericano que desde 1969 participa en el movimiento pacifista, se manifestó por primera vez contra la guerra del Vietnam, en Chicago, y cosechó una condena de dos años en una prisión federal de Minnesota, donde estudió Teología. Ordenado sacerdote en 1973, dirigió su actividad a la solidaridad con América Latina. Desde 1986 vive en Nicaragua, en las comunidades de base, y coordina el voluntariado jesuítico internacional en dicho país. Actualmente pronuncia conferencias en EE UU y España sobre la guerra de Irak y sus consecuencias. Ayer participó en un encuentro en la residencia de la Iglesiona, con motivo del 25 aniversario del asesinato de Óscar Romero.

-Hoy se cumple un año de los atentados del 11-M.

-Me siento obligado a decir como norteamericano, huésped aquí en España, que una buena parte de la responsabilidad de esa masacre sigue cayendo sobre los hombros de George Bush y sus oficiales, por haber iniciado la guerra en Irak, un crimen internacional sin justificación, y por haber involucrado a España.

-España intenta recomponer su relaciones con EE UU.

-En la cumbre internacional sobre democracia, terrorismo y seguridad que se ha celebrado estos días en Madrid, el representante de EE UU ha sido el fiscal general, Alberto Gonzales, que antes, como abogado de la Casa Blanca, con Bush, fue una de las personas que encontraron cómo permitir los abusos y torturas de los presos en Abu Ghraib y en Guantánamo, al no denominarlos prisioneros de guerra, amparados por las convenciones de Ginebra, sino combatientes ilegales para así dejarlos sin protección. Este hombre encontró cómo permitir esa tortura y ahora participa en un conferencia sobre terrorismo. Es una hipocresía y un insulto, en lugar de pedirle perdón al pueblo de España.

-¿Qué opina de la actitud de Zapatero ante EE UU?

-Fue totalmente correcta la salida de soldados españoles de Irak, que era obedecer a la voluntad de la mayoría del pueblo español. Me preocupa un poco que España esté ahora apoyando el entrenamiento y formación de la nueva policía y ejército de Irak. Eso quiere decir un apoyo a la legitimidad del Gobierno de Irak, elegido bajo una ocupación militar extranjera que Zapatero consideró no correcta. Sería mejor no entrar en ese apoyo al Gobierno iraquí, que es producto de esa guerra, que sigue tomando un coste enorme en vidas humanas.

-¿Habrá nuevas intervenciones militares de EE UU?

-Contra esa posibilidad tenemos que estar muy alerta, y muy escépticos hacia cualquier justificación que Bush quiera dar. Ahora están hablando de Irán y Siria. La estrategia del Gobierno de EE UU es clara: hablan de democracia y de libertad, pero en realidad es la democracia de mercado libre, que buscan en todas las partes del mundo. América Latina, Corea del Norte, si fuera posible, y todo el Medio Oriente.

-¿Es decir?

-Apertura total para inversiones de grupos extranjeros, repatriación de sus ganancias, casi ninguna restricción laboral o ambiental. EE UU quiere un desarrollo capitalista que hemos visto también en América Latina y que no significa mucho para la mayoría de la población.

-¿Qué ha cambiado en estos años de lucha pacifista?

-No ha cambiado la situación. Sigue muy activo el imperialismo y la arrogancia del Gobierno de EE UU, pero sí creo que los movimientos han logrado algo. En el pasado, logramos que por fin sacaran los soldados americanos de Vietnam, e inmediatamente cayó el Gobierno títere de Saigón, apoyado por EE UU.

-¿Y en América Latina?

-En Nicaragua, Reagan decidió no invadir porque sus asesores sabían que existía un movimiento fuerte de solidaridad con ese país. El Congreso prohibió esa ayuda, pero Reagan encontró una manera de vender armas a Irán y canalizar las ganancias a la contrarrevolución nicaragüense.

-El movimiento al que usted pertenece es minoritario en EE UU. ¿Por qué?

-Muchos norteamericanos no tienen interés en otros países. Están satisfechos y creen que casi no hay vida fuera de las fronteras de su país. La ignorancia, aun geográfica, es enorme. También es fruto de la manipulación del Gobierno y de los medios sobre las verdaderas razones por las que EE UU interviene en otros países.